R. Carneiro: “La nueva educación en la sociedad de la información y de los saberes”

El texto de Carneiro (2007) nos habla de los escenarios a futuro que vienen discutiéndose y de alguna manera forjándose en los diversos estudios e iniciativas de la Unión Europea (UE).

El autor inicia su interpretación observando que en nuestras sociedades y sistemas educativos, viene ocurriendo una creciente expansión de las nuevas tecnologías, de la información y de la movilidad, etc., que se acompaña de una progresiva disminución o carencia del sentido, observando esto último principalmente en la mayor complejidad, fragmentación, incomprensión y falta de diálogo de nuestras colectividades.

“La verdad es que el paisaje de la conciencia humana padece de orfandad. El vértigo tecnológico ha tomado posesión de lo cotidiano. La velocidad a que se procesa el cambio va en aumento y dificulta la interiorización de las crisis. El futuro se presenta, cada vez menos, como la proyección del pasado”(Carneiro, 2007)

Se trata, nos dice el autor, de un tiempo de múltiples interrogantes en el que la educación misma se encuentra en el dilema de permanecer y conservar (sociedad anterior estable, simple y repetitiva), o mutar e innovar (una nueva sociedad inventiva donde el proyecto se superpone a la memoria). Y sin embargo, al mismo tiempo dentro de las visiones estratégicas que desarrollamos sobre el futuro de la sociedad, la educación adquiere una importancia crucial, buscándose idealmente el “rebrote de la educación como reflejo y proyecto de una cultura, arraigada en la memoria, pero abierta al porvenir.”

Lo social, lo cultural y lo humano adquieren prioridad en esta narrativa emancipadora. Por ello, en la cadena de valor ascendente del proceso de creación de sentido que nos muestra Carneiro, no solo se transita desde la simple acumulación de datos hasta alcanzar el nivel superlativo de la conquista de sentido, sino que implica además una triple madurez de la condición humana, que marcharía de: lo simple a lo complejo, de lo cuantitativo a lo cualitativo, y del individuo a la comunidad.  Así, el autor añade también, la importante observación de que  cada cultura llega a su propia configuración y experimentación de cada uno de  estos pasos, subrayando con ello que la educación es cada vez más plural: “Hay futuros de la educación y escenarios diversos cuyo conocimiento y profundización son vitales al aprendizaje del presente.”.

Viendo aún más de cerca cómo se desarrollan iniciativas y perspectivas de estos escenarios futuros, Carneiro nos muestra cómo la UE viene tratando de desarrollar una dimensión continental (europea), que se espera pueda agregar valor a las políticas educativas nacionales. La Declaración de Bolonia es un claro ejemplo de esto, sin mencionar otros muchos acuerdos y políticas en educación e incluso en generación de mejor y mayor empleo, que se ven concentrados en el desarrollo conjunto de al menos tres ejes considerados claves según la lectura del autor, éstos son: 1) el aprendizaje a lo largo de la vida; 2) las nuevas tecnologías en los procesos de enseñanza-aprendizaje, y 3) el fortalecimiento de las relaciones y redes interinstitucionales en el cuadro de una Europa del conocimiento, de los saberes y de las competencias (Carneiro, 2007).

Vemos entonces que este tipo de perspectivas y políticas concertadas entre diversos países miembros, tiene como consecuencia la ampliación del concepto europeo de educación y formación. Otra forma de ver esto es a través del análisis que hace del informe de la UNESCO “La educación encierra un tesoro”. Este informe, según Carneiro, reclama la integración de tres perspectivas diferentes pero su vez complementarias: 1) El surgimiento de sistemas de educación-formación cada vez más abiertos y flexibles, 2) La necesidad de aprender y trabajar en régimen de continuidad, y 3) La estructuración de un aprendizaje a lo largo de la vida sirviendo a una triple finalidad: desarrollo personal, cohesión social, y empleo y productividad sostenibles (Carneiro, 2007).

Es de este modo que se estarían repensando los aprendizajes fundamentales o primarios para todos y cada uno de los jóvenes europeos, siendo éstos aprendizajes además el patrón mínimo sobre el que se va sustentando la nueva sociedad del conocimiento y de la información, así como el ejercicio de la ciudadanía.

Por otro lado, al leer la presentación del autor de los escenarios desarrollados por la OCDE (What schools for the future?, 2001), podemos percibir el poco optimismo ante los escenarios de extrapolación (Escenario 1 “Sistemas escolares fuertemente burocráticos” y Escenario 2 “Extensión del modelo de mercado”).  Mientras que los escenarios de “desescolarización” (Escenario 5 “Redes de aprendizaje y sociedad en red”, Escenario 6 “Éxodo docente”) son desdibujados como anárquicos, difusos y depredadores de un control institucional de la educación formal así como de la profesión del educador. Y finalmente, al situarnos en la categoría  “reescolarización” la visión se torna mucho más positiva, pues se trataría de: “… escenarios centrados en una revalorización y recuperación del papel de la escuela, con alta prioridad para incrementos de calidad y de equidad educacionales. Mientras en un escenario se enfatizan objetivos de socialización, en el otro la palanca dominante es el conocimiento” (Carneiro, 2007).

Otro modo de ver estos escenarios es el estudio prospectivo (1998-2000) sobre el Futuro de la educación en Portugal. Éste nos muestra tres ejes que nos permiten sintetizar el modelo evolutivo, éstos son: cambio de paradigmas, modos de prestación o formas de distribución, y fuerzas determinantes. Y cada una de ellas se desdobla en tres dimensiones temporales: pasado, presente y futuro. Según esta aproximación, que a mi parecer recalca las mismas preocupaciones que el modelo anterior, estaríamos hoy caminando hacia la edad del conocimiento y de los saberes, pero este camino estaría siendo bloqueado por fuerzas de la globalización y del mercado que cada vez imponen una mayor segmentación de los servicios educativos y de los respectivos modos de distribución. Así, la postura de estos teóricos, e incluso la de Carneiro resulta obvia: “A una coyuntura marcada por la dictadura de la oferta de información y de conocimiento se opone una sociedad determinada por el ritmo de los aprendizajes y por la búsqueda de la sabiduría: la sociedad educativa” (Carneiro, 2007).

Ésta es entonces una manera de acercarnos a la utopía de la sociedad educativa o de la sociedad del aprendizaje a lo largo de la vida. Y tal y como es presentada por el autor, concuerdo con él en decir que uno de los desafíos más grandes de esta sociedad se habría de encontrar en nuestras formas de entender el mundo, las cuales –tanto en la vida diaria como en la academia – no dejan de adscribirse a modos atomísticos, localizados y objetivables, propios de las ciencias occidentales; mientras que la consecución de un canon global de acceso al conocimiento que parta e incluya la complejidad de la realidad, requiere más bien que nos abramos a modos más holísticos y cualitativos de percepción, los cuales lamentablemente aún nos cuesta desarrollar e incluso aceptar.

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